29.9.07

Crimenes perfectos.

Ni el pionero Edgar Allan Poe, ni Agatha Christie, Arthur Conan Doyle u otros maestros del género policial, han podido valiéndose de su frondosa creatividad, narrar crímenes tan perfectos como los que suceden en estos tiempos.
Según informaron los periódicos hace pocos días, la Corte Suprema de Justicia, resolvió que el Gobierno Nacional y Provincial provea alimentos y agua potable a una comunidad de indios Tobas, que residen en la provincia de Chaco. Ello con motivo que durante los últimos meses se habían registrado once muertes por desnutrición.
No es la primera vez que suceden casos como este. Estos grupos poblacionales definidos con el eufemismo de “vulnerables” o “carenciados” existen desde hace años en distintos lugares del país.
Seguramente, mientras escribo estas líneas o mientras vos las lees, hay una Yesica o un Jonatan en el conurbano bonaerense o; un Ramón o una María en Santiago del Estero; -por solo citar dos lugares al azar- que hace días que no prueban carne o leche y que seguramente desconocen el sabor de una golosina.
Pero lo más lamentable es que tampoco llegarán a adultos, no se van a enamorar, no van a tener un hijo y ni siquiera van a tener una razonable sospecha de quien los está matando, lentamente, de hambre, de indiferencia.
Desde hace décadas hay muertos, todos sabemos en mayor o menor grado quienes son los responsables, pero si hay una certeza, es que nunca habrá culpables.
Porque estos, son crímenes perfectos.

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